TRANCE

TRANCE

Del 8 Març al 2 Abril 2022


No concibo el arte sino como un espacio de emancipación y de libertad, un sitio donde poder hacer catarsis, donde sentir que vivo a plenitud y donde puedo construirme como sujeto a cada instante. Mi obra responde a esa necesidad y a ese principio. Trabajo cada día guiado por un deseo interno e intenso de comunicar. Ese es, como artista, mi objetivo principal. Es lo que creo, en verdad, otorgará sentido a mi legado. Pareciera una exageración o un gesto demodé, pero no existe un momento en el que yo no esté creando, pensando, fabulando. Es una suerte de sentir supremo, una necesidad y exigencia para mi alma. La pintura y el dibujo han sido, en este sentido, mis dos grandes aliados. Especialmente la pintura, que es con la que establezco un diálogo muy profundo que en algún punto del camino me rebasa a mi mismo. 

Los bocetos y los apuntes me han resultado siempre estructuras protésicas, marcos convalecientes. Prefiero la espontaneidad, dejarme llevar por la energía que dicta mi alma y la que dispone el universo. Por esta vía, aspiro a cifrar una obra genuina y diferente, con altas dosis de sensibilidad personal en la que el sujeto colectivo encuentre identificaciones propias. Puede decirse que es una suerte de trance entre la mente en blanco y la intensidad del alma, que da como resultado un trabajo singular, con notable influencia de un expresionismo figurativo, bañado contemporaneidad y servido de la realidad que me rodea. Intento explorar en el contexto de los propios límites y cuestionar, si acaso, la tiranía de las clasificaciones, por lo que ignoro las etiquetas respecto a la pintura. Solo hago algo: pintar. Mi producción es el resultado de un trabajo procesual de ardua laboriosidad que, además, me ha llevado a momentos de extremo agotamiento físico frente a las dimensiones de los formatos en los que suelo desarrollar mis piezas. La fuerza y dinamismo que requiere la realización de los grandes lienzos o carboncillos, son fundamentales para lograr un acabado estético y una calidad técnica que denote la existencia de una obra fuerte y orgánica en su relación de contenido y forma. 

Me considero antropólogo y artista a la vez. Coloco en el lienzo, en cada obra, en cada piedra aún sin moldear, muchísimas incógnitas que van variando de sema, significado y respuesta, según me dicte mi interior. Incluso, sin detenerme a pensar en qué quiero escribir o señalar en mis obras, quedan plasmadas en ellas palabras o frases de idiomas nunca leídos, ecuaciones matemáticas quizás incoherentes a la vista de un erudito en el tema; así como símbolos extraños, tal vez surreales, que en ocasiones encuentran un parecido con simbologías antiguas. Es por ello que afirmo siempre que mi trabajo está en constante evolución y crecimiento: en una búsqueda interminable de respuestas y luces. Mi trabajo va más allá de las políticas del mercado del arte, porque lucho cada día por continuar siendo un sujeto creador, honesto con mi discurso y un amante eterno del arte.